El ya célebre pacto andalusí empieza a producir grietas en algunos partidos y puede que hasta gritos en algunos despachos. Vox decide empitonar la ley contra la violencia de género, y populares y riverícolas no saben muy bien cómo reaccionar al envido (o mejor pulso, que es más viril y además en Vox no envidian a nadie). Hasta ahora la competición en la derecha había sido más deportiva. De deportar inmigrantes, quiero decir, o bien de ver quién tenía la españolidad mejor hormonada. Ahí andaban con sus digamos "escrotinios" para ver cuál era el partido alfa entre los conservadores, y en estas coordenadas el anti feminismo se concebía más como una herramienta para captar pacones que como un arma arrojadiza entre caballeros, a quienes los valores ya se les suponen. Pero los de Abascal han visto la fisura y han decidido entrar a saco (votos). Poner en evidencia la tibieza de sus rivales en ese terreno o si no forzarles a adquirir compromisos públicos de lo más resbaladizos y peligrosos. "¿Y no prefieres que construyamos juntos Andalucía, pixa, que se gana más...?". Como estrategia quizá no es mala: te afianzas en el extremo y dejas a todo el pragmatismo desubicado, sin saber ni qué decir al respecto. Y así el que más habla eres tú, que además de meter al centro derecha en un avispero consigues ser el centro de atención. Sabes que necesitan tus votos, y que al final se los vas a dar, porque no puedes no dárselos, pero el precio político es ése: un tartazo de merengue político en toda la jeta y que se lo traguen. "Venga, Pablito, que tú puedes: violencia do-més-ti-ca... y la terrorista salvaje, no lo olvides".
Dice Pablo Casado, España cañí remasterizada, que Sánchez busca fortalecer al separatismo. En lugar de pedir a la gente que cuelgue banderas en los balcones, o a los científicos que localicen el átomo nacional, el pegotón ibérico, para hacer pastillitas con él y dárselas a los nenes en el desayuno, y así si no rinden en el cole por lo menos harán que se rindan sus compañeros multiculturales, el líder de los sociolistos parece más inclinado a amenazar a Torra, president per accident, con una nueva aplicación del famoso artículo 155, que no sé si fortalece al separatismo o no porque ya ni ellos se aclaran me temo. Porque hace ya tiempo que la cosa consiste en ver quién se pone más tieso con los catalanes, o quién más morcillón. Decir dicen todos un poco lo mismo, que de unilateralidad ni hablar, claro que Sánchez un poco más a lo moderntalking y Casado rollo José Luis y su guitarra cuando reclamaba el Peñón - lo de Rivera ya es puro punk, ahí con chapas, cintas de colores, pi...
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